En supermercados, pero no televisión, radio tan solo:

En Las Batallas en el Desierto, José Emilio Pacheco cuenta la historia desde la perspectiva de un niño, de aproximadamente doce años, que opera desde la memoria de un hombre maduro recordando nostálgicamente a un México antiguo. La novela se trata del juego de niños, narrado en primera persona por Carlitos, el personaje principal. Carlitos es un niño que vivió en la Colonia Roma en la Cd. De México durante el gobierno de Miguel Alemán en el año de 1948.  Su historia se embarca en un contexto social, cultural y político en donde se muestran los problemas de la corrupción del país, los problemas de post guerra, la influencia de los Estados Unidos en la cultura y la idea del progreso social de la tradicional ciudad de México que se comienza a desvanecer.  A través de la historia es notable la preocupación profunda de Pacheco por recuperar el pasado de un México que ya no existe, que se perdió a causa de la modernización del país.La novela comienza con la búsqueda de un México perdido en el capítulo “Un Mundo Antiguo” en el cual se presenta el cambio que está atravesando el país: “Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquel? Ya había supermercados, pero no televisión, radio tan solo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El llanero Solitario, La Legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las calles de México, Panseco, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas (…) Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto. Íbamos a ver películas de Errol Flynn y Tyrone Power, a matinés con una de episodios completa: La invasión de Mongo era mi predilecta.” (Pacheco 1,2).El comienzo es incierto: un proceder y retroceder en la memoria, haciendo, con estilo directo, referencia a los recuerdos del narrador de la ciudad de México que, alrededor de 1950, experimentaba un cambio acelerado que casi todo lo descrito se esfumó. Esto recrea un pasado cercano, fresco aún en el recuerdo, pero ya convertido en un retrato de época de la otra Ciudad de México, que en ese entonces era recorrida por tranvías amarillos y autobuses de distintos colores, los refrescos desplazaban a las aguas de fruta, los transeúntes usaban sombrero, se podía comprar una torta de chorizo, dos de lomo y un refresco con menos de diez pesos, los bolígrafos reemplazaban al tintero, maguillo y secante en las escuelas, gran cantidad de casas porfirianas, afrancesadas, de fines del siglo XIX.  La historia de Carlos es, por lo tanto, la historia de la transición entre la niñez y la adolescencia con el primer amor. Asimismo, la historia de Carlitos es la historia de un México que se enamora de la modernización promulgada al “estilo estadunidense,” tal como lo describió Hugo J. Verani en su artículo “Ante la Critica.” El México que se presenta en la novela es un país que, basado en las descripciones, está en vías de una transformación económica y cultural. A este país, al país de la memoria, pacheco presenta como un México perdido y extraño. “The past is a foreign country. They do things differently there” (L. P. Hartley: The Go-Between), abriendo la novela con tal epígrafe, Pacheco nos presenta el tema de la novela en el cual los recuerdos de Carlitos son de alguna forma, el mensaje entre el México pasado y el México presente. Tal como lo menciona Beatriz Barrantes-Martin en su artículo, “desde el espacio presente en el cual el narrador cuenta la historia, el modelo estadunidense se ha apoderado de tal fuerza que borro los retratos del pasado”.  Por ello dice Carlitos al final: “Se acabo esa ciudad. Termino aquel país” (Barrantes)  En Las Batallas en el Desierto, el recuerdo amoroso que Carlitos tiene por Mariana forma una parte fundamental en el recuerdo nostálgico por la ciudad de México.  En el momento en el cual se enamora de Mariana es cuando tiene la posibilidad de establecer una afirmación fuera del sistema, lo cual es un momento clave para la novela: “Miré la avenida Álvaro Obregón y me dije: Voy a guardar intacto este recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo entero porque hoy me enamore de Mariana….” (Pacheco 14-5).  Mariana se volvió una obsesión para Carlitos que logra ocultar, hasta que llega un día en que no puede seguir aguantando. Carlitos llegó a escaparse de clases para ir a casa de Mariana a contarle todo. Después de que todos se enteran del amor imposible de Carlitos, sus padres  lo terminan sacando del colegio, se cambian de barrio, y nunca más vuelve a ver ni saber de nadie hasta que se encuentroa con Rosales, un ex compañero al que invita a comer y termina por revellarle lo que nadie le había contado.  Cuando Rosales le cuenta que Mariana en un arrebato por el deprecio del papá de Jim se suicidó, Carlitos, como era visto no le creyó y decidió confirmarlo por si mismo pero la realidad se le desdibuja: nadie ha visto nunca a ninguna Mariana y a ningún Jim. Pero Carlitos, ahora Carlos, sabe que ella existió, que toda esta historia que él quiso fijar en su memoria existió, y ahora la está intentado reconstruir. Evidentemente nada pasó, pero Carlitos nos intenta mostrar esa historia que, al parecer, realmente sucedió.  De este modo, la historia de Carlitos se hace existencialmente válida, la cual nos permite fijarnos en el recuerdo de ese México cercano al fin. Esto es lo que le permitirá a ese México “ser convocado a presencia,” tal como lo describe Antonio Saborit, que impidieron todas las posibilidades de estabilidad “me acuerdo, no me acuerdo”” (Saborit).  Así, aquello que le permite al Mexico constituirse como tal es el hecho mismo del amor de Carlos por Mariana, mientras el recuerdo de Mariana dure, el recuerdo por la cuidad seguirá. Es en este punto que adquiere mucho mayor sentido la cita referida más arriba: “Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual…”. Por una parte, predice lo que ocurrirá. Siguiendo la estructura de un México lleno de recuerdos, hay una evidencia que da lugar a ver que los acontecimientos ocurrieron en un orden diferente del que aparentemente ocurrió en la realidad. Esto da lugar a una confusión entre realidad o fantasía, sobre todo al final de la historia en donde Carlitos quiere comprobar por sí mismo la muerte de Mariana, pero sin embargo todo lo que parece ser verdad parece perderse. Cuando el va al edificio nadie dice conocer a Mariana ni tampoco Jim, y toda esta historia da lugar a una fantasía: “Estoy en este edificio desde 1939 y, que yo sepa, nunca ha vivido aquí ninguna señora Mariana. ¿Jim? Tampoco lo conocemos…Cosas que te imaginas niño. Debe ser en otra calle, en otro edificio” (Pacheco). “Me acuerdo, no me acuerdo ni siquiera del año”, dice nuevamente el narrador ya para cerrar su discurso. Entonces, ¿ocurrió, no ocurrió? Una incognita de la cual Matías Rebolledo habla en su artículo. Sólo le queda un indicio de que toda esta historia sí fue cierta: aún sigue enamorado de Mariana. Entonces, “existió Mariana, existió Jim, existió cuanto me he repetido después de tanto tiempo de rehusarme a enfrentarlo” (Pacheco 37). Esta historia se valida en cuanto el recuerdo de Mariana y de Jim siga convocando a los recuerdos. Y en cuanto ese recuerdo sea convocado, México podrá ser reconstituido en su memoria. Y, siendo este el caso, Mariana existió, Jim existió, las batallas en el desierto ocurrieron, al menos en ese México que recuerda el autor.No cabe mencionar el presente del narrado al final de la historia que está marcado por el “ya-no-ser” tal como Matías Rebolledo lo describe con mayor amplitud en su artículo. Es quizá una de los hechos más controversiantes de este relato. Pero finalmente hay una comprobación textual, el último texto de la novela en donde se está refiriendo a Mariana: “Si viviera hoy tendría ochenta años” (Pacheco 37). Matías Rebolledo argumenta sobre el punto de hablada del autor en donde, con cálculos simples, se puede determinar con mayor precisión el tiempo en el que está hablando el autor al final de la historia, ya que Mariana tenía 28 años en el tiempo en que ocurre la historia, y basándo en el transcurso del tiempo en el que e narrador esta hablándose puede calcular que el final de la historia está tomando lugar en el año 2000, unos veinte años después de que se escribió la novela. Lo cual quiere decir que el México que el narrador recuerda, en el tiempo cuando la novela fue escrita efectivamente ya no existe:”Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad, terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años”. (Pacheco) Esto es lo que lleva a la hipótesis que se planteó al principio de la novela: “The past is a foreign country. They do things differently there” (L.P Hartley: The Go-Between). Todo lo que fue presentado anteriormente puede ser comparado con el México que nos presenta el narrador, el México que ya no es, el México que ya no existe, y que solo que sólo existe en cuanto es “convocado por él” (Rebolledo).  Toda esta Ciudad de México que el narrador recuerda, es aquella cuidad que precisamente ya no existe, esa cuidad que se ha desvanecido en el recuerdo. Matías Rebolledo dice “Esa cuidad que es convocada a presencia por el narrador, lo reconfigura, pero se puede pensar que todo lo que es presentado es un recuerdo, del México de antes, en el que el mundo en que se instala el narrador, que es el mundo marcado por el no-ser”. Lo cual quiere decir que sólo con la manifestación de ese México perdido en el recuerdo, se puede pensar en la existencia del México de antes. Finalmente, el mismo lazo que permite traer a existencia todos esos fragmentos del México de antes. Siendo así, su existencia se valida, y validando esa existencia es capaz de traer a presencia ese `México antiguo’ pero que fue borrado, que desapareció. Pero aún hay algo que le permite revestir ese mundo de sentido. (Verani, 1987) Todo esto termina por configurar un relato lleno de nostalgia, pero no necesariamente por ese México y esa historia que fue. El amor que alguna vez tuvo por Mariana es lo único que puede hacerle frente a esa cuidad que se cae a pedazos sin saberlo, bajo el nombre de crecimiento y progreso. Y la memoria, como la única forma de poder traerlo a presencia, incluso aquello que no pudo ser.